A continuación se mostrará un pequeño punto de vista y si se quiere, resumen del libro "De la persona a la aldea global, de la mano de Juan Pablo II y de Benedicto XVI" - Mariano Fazio
A lo largo de la historia del hombre, se ha planteado el reto filosófico de la lucha entre el bien y el mal. Las posturas de la iglesia sobre este respecto, en otros tiempos, fueron coercitivas y negaban la voluntad del hombre a través de la imposición de un Dios castigador e implacable.
Entre los líderes contemporáneos de la iglesia católica, es preciso distinguir a Juan Pablo II como dueño de un pensamiento y actitud de amor, humildad, servicio, apertura, respeto y exaltación de valores humanos más allá de la misma religión. Se distinguió por transitar el mundo entero llevando un mensaje de unidad y respeto a la humanidad.
Juan Pablo II, el mensajero de la paz, dejo su legado escrito a través de postulados que definen al hombre, a la familia, a la comunidad, a las naciones, a la cultura, a los sistemas de gobierno, a la economía y a los medios de comunicación, como totales acreedores de la dignidad y del derecho al respeto por sus valores morales.
Este legado también es claro al exigir al hombre el deber de respetar al mismo hombre y a la vida; proteger a los más débiles y actuar en sintonía con el valor más hermoso que la humanidad puede profesar, que es el amor al prójimo.
Así las estructuras políticas, económicas y comunicacionales de cada nación están llamadas a procedes con rectitud, garantizando con vehemencia el respeto por la dignidad del ser humano, proporcionándole los medios necesarios para resguardar su desarrollo conforme a los valores humanos.
Esta postura viene a ser reforzada por el Papa Ratzinger, quien continúa la hermosa labor de Juan Pablo II, alentando a la humanidad a la lucha por la preservación del espíritu, del respeto a Dios, del amor y el servicio incondicional y de la instauración de un mundo mejor.